Buscar setas, buenas prácticas micológicas

En los últimos años la recolección de setas ha experimentado un boom cultural y mercantil. Por un lado, cada vez más gente acude a buscarlas por diversión y aprovecha para darse un gusto en la cocina y en la mesa. Por otro, incluso desde instituciones públicas se fomenta la consideración de las setas como un recurso económico y hay planes de desarrollo local centrados en la explotación –supuestamente sostenible– comercial de las setas. La consecuencia previsible es que será mucho más fácil encontrarlas en los mercados y mucho más difícil hacerlo en el monte (aunque esta temporada está siendo excepcional en algunos lugares).

En algunos lugares de la península, la cultura de las setas tiene un arraigo histórico, otros se están incorporando recientemente, pero en cualquier caso la asociación de otoño y setas se está haciendo irremediable. Bien, aunque tiene sus peligros: la sobreexplotación, el abuso humano de los metabolismos naturales, puede causar en un tiempo breve daños en el medio ambiente, no sólo en las setas, sino en el propio bosque (sobre todo) o prado o dehesa donde éstas se desarrollan. No se trata de disuadir de ir a buscar y recolectar setas, ni de convertir esta práctica en terreno vedado para especialistas o mercaderes, sino de tratar con cuidado y respeto los espacios donde, sí, viven las setas, pero no solas: conviven con otros microorganismos de todo tipo, visibles e invisibles, insectos, invertebrados, plantas, mamíferos que comen setas, árboles cuya salud depende de las setas, suelos y mantos vegetales sensibles, espacios de equilibrio complejo… Nada nuevo, pero conviene recordar que toda relación humana con el medio natural debe seguir pautas de cuidado y afecto, ya sea cogiendo setas, caminando o montando en bici.

Buscar setas, buenas prácticas micológicas

Buscar setas, buenas prácticas micológicas.

Las recomendaciones útiles son muy conocidas: no tocar las setas que no se conocen (y mucho menos, dañarlas o arrancarlas), seleccionar las setas que se quieren coger (su tamaño, la cantidad razonable, en proporción a su eclosión en una temporada u otra…), recolectarlas de forma apropiada (hay especies que se cortan con navaja –porque vuelven a crecer, por ejemplo– y otras que se separan –no se arrancan– con cuidado desde la base que las une al suelo, al micelio), transportarlas adecuadamente (las cestas permiten la extensión de las esporas incluso una vez recogidas las setas, y para algunas, de hecho, ser recogidas, transportadas, es una estrategia de reproducción; las bolsas de plástico –expresamente prohibidas en algunas legislaciones– dañan las setas incluso para su consumo, pero sobre todo impiden la extensión de las esporas).

Pero también conviene situarse respecto a esta práctica lejos de los prejuicios: en los últimos tiempos se asocia sin sentido el abuso de las setas con algunas vecinas y vecinos del Este de Europa, que serían una suerte de depredadores del monte, cuando lo cierto, en muchos casos, es que la cultura micológica en estos países y sus habitantes es muy distinta: son un alimento cotidiano, casi diario, en las dietas de muchos países, y hay más gente de esos países que las cogen para ese uso que la que lo hace para obtener beneficios precarios de temporada, además de, qué raro, pasárselo bien y disfrutar en el bosque o en el monte, como han hecho siempre. Dicho lo cual, no hay que dejar de lado que en torno a las setas se está produciendo un mercado que se basa en buena parte en la precariedad, la intermediación especulativa, el abuso del medio, la competencia implacable, el elitismo gastronómico… Un mercado cuyas parcelas de mayor valor añadido, por cierto, se reservan a especuladores intermediarios que suelen ser ciudadanos españolísimos, incluso del medio rural. En ese sentido, en el medio “especializado”, por un lado, hay voces que claman, cómo no, por una mayor regulación, más control administrativo, impulso de la consideración del medio natural –y de las setas– como un recurso “productivo” y, por consiguiente, de su reserva como nicho de mercado; y por otro, por una práctica conservacionista a veces poco acorde con el aprovechamiento tradicional.

Tarde o temprano, la polémica va a rodear también esta práctica. Mientras, acercaos al monte con mimo y con los ojos bien abiertos, aún queda mucho por descubrir.

 

 

Visto en diagonalperiodico.net


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